Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida públicamente como «Taty» Almeida y una de las principales referentes de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano, donde permanecía internada.
La noticia fue confirmada por familiares y allegados, quienes señalaron que en las horas previas había sido sedada debido al delicado estado de salud que atravesaba.
Docente y activista por los derechos humanos, Taty Almeida dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de memoria, verdad y justicia, convirtiéndose en una de las figuras más emblemáticas de la lucha por los desaparecidos en Argentina.
Su compromiso comenzó tras la desaparición de su hijo, Alejandro Martín Almeida, quien tenía 20 años, trabajaba en la agencia de noticias Télam y fue secuestrado en junio de 1975 por la organización parapolicial conocida como la Triple A.
Con el paso de los años, Almeida se incorporó a las Madres de Plaza de Mayo y, tras las diferencias surgidas dentro del movimiento, asumió un rol central en la Línea Fundadora, convirtiéndose en una de sus máximas referentes.
A lo largo de décadas sostuvo una intensa actividad en defensa de los derechos humanos, participando de actos, movilizaciones y encuentros en todo el país. Su figura trascendió generaciones y quedó asociada a una de las frases que marcaron su trayectoria: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.
En una de sus últimas intervenciones públicas, Almeida dejó un mensaje dirigido a las nuevas generaciones, a quienes consideró responsables de continuar el camino iniciado por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
“Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta”, expresó en aquella oportunidad, reivindicando además el valor de la militancia y el compromiso social.
La muerte de Taty Almeida representa la partida de una de las voces más influyentes en la defensa de los derechos humanos en Argentina y deja un legado profundamente ligado a la memoria colectiva y a la búsqueda permanente de justicia.