Falleció a los 56 años. Su muerte simboliza la lucha contra las injusticias en San Luis.
El estremecedor caso comenzó en octubre de 1989, cuando Claudia Díaz, por entonces su pareja de 16 años, abandonó su casa en San Luis sin motivos aparentes.
En aquel entonces, dos anónimos se presentaron ante la Justicia e incriminaron a Madaf por la desaparición de la menor, que supuestamente también se había practicado un aborto. La policía lo detuvo en un operativo violento que marcó el inicio de un calvario de tres años de torturas inhumanas.
Durante meses, y bajo distintas torturas, Madaf fue obligado a autoinculparse como autor del presunto hecho, hasta que optó por incriminarse y hasta dio las coordenadas de donde supuestamente había escondido el cadáver.
Mientras estuvo detenido, Madaf sufrió golpes, simulacros de fusilamiento y hasta le arrancaron las uñas y los dientes con tenazas. A pesar de su sufrimiento, la joven, presunta víctima del crimen, apareció viva ocho años después en la provincia de San Juan.
«Me colgaron de un árbol y me enterraron dos horas. Me partieron la cabeza con un arma, me molieron a golpes, tenía sangre en el estómago, me salía sangre de los oídos y de la nariz. Me ataron las manos y quedé inutilizado, aún hoy estoy discapacitado en un 90 por ciento y no puedo trabajar», contó un sinnúmero de veces.
Estuvo en prisión hasta 1995, cuando decidieron dejarlo libre por falta de pruebas, y luego de que Argentina se adhirió al Pacto de San José de Costa Rica.
Pero recién en 1998 se supo la verdad: la supuesta víctima del crimen apareció en Caucete, San Juan, más viva que nunca, con una pareja e hijos. La chica se había fugado de su hogar por culpa de su padre.
Los responsables de la causa y de las torturas que sufrió Madaf nunca enfrentaron a la justicia. Su muerte en la indigencia resalta la falta de reparación y el dolor de quienes fueron víctimas de injusticias en el sistema judicial.