Una vez más, Alberto Rodríguez Saá, exgobernador de San Luis, demostró que sigue teniendo las llaves del Partido Justicialista provincial. Con la excusa de preservar la unidad y evitar internas, definió a dedo quiénes serán los candidatos del PJ para las próximas elecciones de diputados nacionales. Y lo hizo como acostumbra: apartando, expulsando y desplazando a todo aquel peronista que se atrevió a proponer una alternativa distinta a su voluntad.
La lista, presentada como “unidad”, estará integrada por Jorge “Gato” Fernández, Gloria Petrino y José Farías como candidatos titulares, mientras que los suplentes serán Natalia Zabala Chacur, Sergio Tamayo y Blanca “Beby” Pereyra. Una fórmula que lejos de representar diversidad o renovación dentro del peronismo local, evidencia una única lógica: responder a los intereses y necesidades del exmandatario.
En lugar de proyectar una propuesta para San Luis y para el país, la lista parece construida en base a favores políticos y lealtades personales, más que en ideas o capacidades. Cada uno de sus integrantes cumple el rol de marioneta política, dispuesto a obedecer los lineamientos del conductor histórico del PJ puntano, sin cuestionamientos.
Detrás de esta maniobra, también se esconde un armado con sectores del gremialismo que le son funcionales a Rodríguez Saá, y que hoy, alineados con su estrategia, impulsan movilizaciones contra la actual administración provincial. Así, Alberto no sólo define candidaturas, sino que usa a la estructura sindical como herramienta de presión y desgaste político, consolidando un espacio cerrado, vertical y ajeno a cualquier forma de democracia interna.
El PJ de San Luis dio un nuevo paso, no hacia la renovación ni hacia la pluralidad, sino hacia la reafirmación de un esquema político centrado en una sola figura, que decide quién entra, quién sale y quién puede hablar. Con esta “lista unidad”, lo que se evitó no fue una interna, sino la posibilidad de discutir un verdadero proyecto de futuro.