Durante casi tres días, los investigadores no solo buscaron a Darío: también buscaban a los tres perros que aparecían junto a él en la última imagen registrada por una cámara de seguridad. Su ausencia se convirtió en una de las claves que mantuvo encendida la esperanza de encontrarlo con vida.
Darío Bautista Cuello desapareció el viernes 31 de julio en Tilisarao. La denuncia fue radicada por su familia al día siguiente y, desde entonces, la Policía de San Luis desplegó un amplio operativo de búsqueda que involucró a más de 220 efectivos, además de medios terrestres, acuáticos y aéreos.
Entre los pocos datos concretos con los que contaban los investigadores había una imagen registrada por una cámara de seguridad: Darío aparecía caminando acompañado por tres perros. Dos eran de su propiedad y el tercero pertenecía a un vecino.
A medida que pasaban las horas, los animales adquirieron un protagonismo inesperado. No aparecía Darío, pero tampoco aparecían los tres perros. Para los investigadores, ese dato se convirtió en un elemento más dentro de la búsqueda y, al mismo tiempo, en una señal que permitía mantener la esperanza de que el joven continuara con vida.

La bicicleta de Darío, encontrada abandonada en un camino de tierra, se convirtió en uno de los principales puntos de referencia para orientar los rastrillajes. Su teléfono celular, en tanto, había quedado en su vivienda, por lo que tampoco podía utilizarse como herramienta de localización.
Durante los operativos, los grupos de búsqueda recorrieron campos, caminos rurales, márgenes del río Conlara y distintos sectores de la zona. Los llamados no estaban dirigidos solamente a Darío: en los rastrillajes también se intentaba detectar a los tres animales.
Mientras tanto, distintas hipótesis eran analizadas por los investigadores y la Justicia. Se realizaron entrevistas, allanamientos y tareas de investigación para reconstruir los últimos movimientos del joven y determinar qué podía haber ocurrido.

La búsqueda se extendió durante varios días y mantuvo en vilo a Tilisarao y a buena parte de la provincia. La desaparición de Darío también generó una amplia repercusión en medios de comunicación y redes sociales, provinciales y nacionales.
Finalmente, el martes 4 de agosto, poco después de las 20:00, la Policía informó que la solicitud de paradero quedaba sin efecto: Darío había sido encontrado con vida y recibía asistencia médica en el hospital de Tilisarao.
Al día siguiente, desde la Justicia se brindaron algunos detalles sobre lo ocurrido. Según se informó, el joven habría decidido esconderse voluntariamente debido a problemas personales. Durante esos días permaneció oculto en un refugio ubicado en una zona rural y, según las autoridades, habría estado acompañado por los tres perros.
El joven habría evitado ser encontrado y, cuando escuchaba que alguien se acercaba, se ocultaba para no ser visto. Finalmente, fue localizado con vida y trasladado para recibir asistencia y contención.
Pero hubo otros tres protagonistas silenciosos de esta historia.

Los perros, que aparecieron junto a Darío en la última imagen conocida, permanecieron con él durante los días en que estuvo escondido. Su ausencia durante los rastrillajes fue una de las circunstancias que mantuvo abierta la esperanza de que el joven siguiera con vida.
Cuando Darío finalmente apareció, lo hizo acompañado por los animales.
Durante casi tres días fueron buscados cuatro seres vivos en los campos de Tilisarao. Uno era un joven de 27 años. Los otros tres, sus compañeros silenciosos. No pudieron contar qué había ocurrido, pero estuvieron junto a él durante las horas más difíciles y terminaron convirtiéndose, sin saberlo, en una pieza inesperada de una búsqueda que mantuvo en vilo a toda una comunidad.
