La salida de Fernando Gago del banco de suplentes de Boca Juniors se venía gestando hace semanas, pero terminó de confirmarse luego de una serie de decisiones cuestionadas y resultados adversos. Aunque los números no eran del todo alarmantes, desde el Consejo de Fútbol encabezado por Juan Román Riquelme no veían evolución ni solidez en el proyecto futbolístico. Estos son los cuatro motivos que marcaron el final del ciclo del entrenador:
1. La derrota en el Superclásico
El golpe de gracia fue la caída ante River en el Monumental. Más allá del resultado, lo que molestó profundamente en la dirigencia fueron las formas. Riquelme no compartió el planteo táctico con línea de cinco defensores, en lugar del 4-3-1-2 que venía dando buenos resultados. En particular, generó malestar la no inclusión de Alan Velasco, una de las grandes apuestas del mercado, por quien Boca invirtió 10 millones de dólares y ni siquiera ingresó en el partido más importante.
El presidente tampoco criticó la presencia de Ayrton Costa, sino la actitud general del equipo, que lució temeroso, cediéndole la iniciativa a River y perdiendo la oportunidad de lastimarlo en un momento en que el rival mostraba claras falencias defensivas. También se cuestionaron los cambios tardíos del entrenador, que a juicio del Consejo de Fútbol, facilitaron el triunfo del eterno rival.
2. La eliminación de la Copa Libertadores
La prematura despedida del certamen continental fue un punto de quiebre. Boca fue eliminado por Alianza Lima en una serie en la que, según Riquelme, el equipo no logró imponerse en ningún tramo con claridad, pese a la diferencia de jerarquía entre los planteles. La definición por penales expuso una polémica decisión del cuerpo técnico: el cambio del arquero Marchesín por Leandro Brey antes de la tanda, lo que no dio resultado.
La caída fue dolorosa no solo por el resultado, sino también porque significó perder presencia internacional por segundo año consecutivo, sin siquiera clasificar a la Copa Sudamericana. Para Riquelme, las inversiones realizadas fueron suficientes para aspirar a más y Gago no logró encontrarle la vuelta a una llave que debía resolverse a favor de Boca.
3. La falta de identidad de juego
Desde su llegada, el equipo de Gago nunca logró imponer una idea clara ni consolidar un estilo definido. El Consejo de Fútbol veía un funcionamiento irregular, con triunfos sostenidos más por la jerarquía individual que por el rendimiento colectivo. Incluso en partidos ganados, como el 3-1 ante Belgrano en Córdoba, la actuación dejó dudas.
Algunas de las decisiones tácticas más criticadas fueron los cambios injustificados de esquema en partidos clave, como ante Newell’s y el Superclásico. En la interna dirigencial se preguntaban: “Si en Argentina todos juegan mal, ¿para qué cambiás cuando algo te funciona?”.
4. El mal clima en el vestuario
A pesar de los intentos de fortalecer la unidad del plantel, como los asados de camaradería en el predio de Ezeiza, el vínculo entre Gago y algunos referentes se fue desgastando. La reacción de Marcos Rojo durante el cambio de arquero en la Libertadores, sin ocultar su descontento, fue apenas una muestra.
También hubo jugadores que manifestaron su malestar por las sorpresivas decisiones del técnico en la conformación de los concentrados y en la titularidad. Uno de los ejemplos más visibles fue Miguel Merentiel, quien no celebró su gol ante Estudiantes como forma de protesta por su escasa participación.
El conflicto con Carlos Palacios, marginado tras sufrir un accidente en Chile y llegar tarde a un entrenamiento, también generó ruido interno. La falta de empatía del cuerpo técnico ante una situación excepcional fue mal vista por la dirigencia y por sus propios compañeros.
La suma de estos factores debilitó de forma irreversible la figura de Gago al frente del equipo. Aunque la voluntad del propio entrenador lo sostuvo durante algunas semanas más, el ciclo estaba sentenciado. Y en la mirada de Riquelme, el equipo necesita comenzar una nueva etapa que devuelva a Boca la competitividad perdida.