El ataúd del papa Francisco fue sellado este viernes 25 de abril durante una ceremonia privada no televisada, a la que asistieron únicamente algunas personas seleccionadas, incluidos familiares cercanos. La despedida final del pontífice se produce después de tres días de capilla ardiente en la basílica de San Pedro, donde más de 250.000 personas acudieron para rendirle homenaje.
Francisco falleció el pasado 21 de abril a los 88 años. Desde entonces, miles de fieles, peregrinos, turistas y líderes políticos han llegado al Vaticano para despedirse del primer papa latinoamericano de la historia, conocido como “el pontífice venido del fin del mundo”. Su cuerpo fue expuesto bajo el histórico baldaquino de Bernini, en un entorno solemne y silencioso.
El sábado 26 de abril se realizará la última etapa del viaje del papa Francisco, cuando sus restos sean depositados en la basílica de Santa María la Mayor, lugar elegido por él mismo. Allí descansará bajo una lápida sencilla con la inscripción “Franciscus”, en línea con el estilo austero y cercano que caracterizó su pontificado.

Durante su papado, Francisco fue reconocido por acercar la Iglesia a los jóvenes, por su énfasis en la atención a los pobres y por una comunicación directa y humana, a menudo marcada por el sentido del humor. “El papa ha dejado una Iglesia que se ha empezado a rejuvenecer”, decía emocionado un peregrino madrileño que esperó más de cuatro horas para darle el último adiós.
Daniel, un joven argentino que también acudió a la capilla ardiente, destacó el impacto del pontífice: “Este hombre hizo mucho por el mundo. Es un líder mundial. Solo quiero rezar para que las cosas buenas que empezó continúen”.
Durante las jornadas de despedida no se registraron incidentes relevantes, aunque las autoridades del Vaticano expresaron su malestar ante algunos visitantes que intentaron tomarse selfies junto al féretro, una práctica que fue posteriormente prohibida. A pesar de la masiva afluencia, el operativo de seguridad y los cuerpos de voluntarios lograron mantener la calma y el orden en todo momento.
El legado del papa Francisco queda marcado por su sencillez, su compromiso con los más desfavorecidos y su esfuerzo constante por tender puentes entre culturas, religiones y generaciones.
