El exgobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, todavía no logra reponerse del golpe electoral que lo dejó fuera del centro de la escena provincial. Apabullado por los resultados de las últimas elecciones y con su liderazgo desdibujado, hoy intenta reinventarse aferrándose al movimiento que reclama la libertad de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción en la causa de los fondos públicos.
Como un camaleón político, Rodríguez Saá cambia nuevamente de piel. Ahora es “amigo de Cristina” junto a exfuncionarios de su gobierno, gremialistas opositores y figuras recicladas del peronismo local.
Lejos del poder y de los flashes de otros tiempos, se lo ve a un visiblemente deteriorado Rodríguez Saá sentado en mesas rodeado de rostros desconocidos, y de algunos viejos aliados que supieron servirse de las bondades del poder puntano cuando los recursos sobraban. Todos unidos ahora bajo un mismo lema: “Cristina libre”.
Durante el acto, las intervenciones públicas no abundaron en explicaciones convincentes sobre este nuevo alineamiento con el kirchnerismo duro. Más bien, dejaron en evidencia un intento desesperado por reacomodarse en el mapa político provincial. Incluso, algunos históricos “anti todo” de San Luis decidieron dar un paso al costado, acusando al exmandatario de utilizar la causa judicial de la ex presidenta como una excusa para volver a colarse en la foto.
Lo que sí quedó claro tras la jornada es que el espacio de Rodríguez Saá ya no se define como oposición, sino como “resistencia”. Un nuevo e ingenioso eufemismo con el que buscan justificar su travesía por el llano político.
Habrá que ver hasta dónde llega esta nueva cruzada. Lo que sí se puede anticipar, es que a fin de año seguramente volveremos a ver a Alberto en su ya clásica postal navideña: visitando presos políticos. Ya lo hizo con Milagro Sala. ¿Lo hará ahora con Cristina Kirchner?
